Carta abierta a los señores Negacionistas

Señores Negacionistas, en días como estos, cuando arrastramos una semana en la que dos menores fueron asesinadas por su padre y otras dos mujeres han sido asesinadas por sus parejas, es difícil lidiar con su discurso.

Cada día somos más contra esta situación donde la mitad de la población vivimos con miedo, lidiando con las desigualdades que vosotros os pasáis los días negando y que nos siguen costando vidas. Replantéese sus dogmas, que ahora la sacrosanta RAE define en masculino contundente como la “actitud que consiste en la negación de hechos históricos recientes y muy graves que están generalmente aceptados”.

Señores Negacionistas, tienen que entender que el asesino machista mataporque considera que tiene el derecho a quitarle la vida a esa mujer o a esos hijos e hijas, porque hay un sistema detrás que le ha vendido la idea de que puede hacerlo y por eso lo hace. No porque esté loco. No porque esté enfermo. Basta de cuentos.

Hace unos días fue el Día Internacional contra la Trata con fines de explotación sexual y hubo que soportar el discurso de “las obligadas son pocas”, “vamos a legalizar para que se acabe la explotación ilegal”, y “a ellas les gusta”. Historias que se cuentan entre ustedes para lavar una conciencia formada en los cuentos de Cenicienta, Blancanieves y Pretty Woman. Aterricen, la realidad es otra y negarla no va a cambiarla. Siguen defendiendo la explotación del cuerpo de las mujeres para satisfacer su placer con falsos discursos de empoderamiento. Pero sabemos bien que a ustedes no les empodera que otros usen sus cuerpos para derramarse encima o dentro.

Señores Negacionistas, hace unos días también fue el Día por el Derecho al aborto legal, seguro y gratuito y ya estoy escuchándoles clamar que eso no es un derecho y que teníamos que haber cerrado las piernas o que somos unas “matabebés”. Está claro que no van a detenerse a pensar que elegir sobre nuestros cuerpos y nuestra maternidad es un derecho. Entre otras cosas porque ustedes son los mismos que promueven que nuestros vientres, cual horno, sean usados para cocinar los bebés de otros.

Pero sin duda, el santo día del Negacionismo que profesa vuestra hermandad es el 25 de noviembre, Día Internacional para la eliminación de la Violencia de Género. Ese día sacan en procesión sus argumentos de denuncias falsas, vistiendo la túnica y el capirote negro de la supuesta pérdida de derechos que os inflige el feminismo. Mientras, hay que hombres que usan a sus hijos e hijas para dañar a sus madres.

Señores Negacionistas, están por todas partes: en el antropólogo que nos acusa de inmiscuirnos en las culturas ancestrales cuando criticamos la ablación o el aislamiento de las niñas con la menarquia; en el abogado que justifica que la igualdad ya está conseguida por la Constitución y que el feminismo trata de manipular al defender la perspectiva de género en la judicatura; en las tribunas de prensa donde hablan de una amiga, de un caso que conocen, autoproclamándose feministas, pero rubricando sus artículos derrochando misoginia contra quienes reclamamos nuestro lugar de manera igualitaria en las sociedades.

Señores Negacionistas de la economía. Empresarios que, mientras leen sus cuentas de resultados, llenan sus discursos con informes interesantísimos sobre la necesidad de la igualdad, pero no se mueven de sus sillones en los consejos de dirección para que sean sus directivas, las que en muchas ocasiones hacen el mismo trabajo, las que los ocupen.

Que no se me olviden los Señores Negacionistas que hacen largas listas de personalidades de la historia, el cine, la literatura, las ciencias, el arte (o pongan aquí lo deseen…) y no incluyen a las mujeres de esos campos, argumentando que no había o que no eran fáciles de encontrar. ¡Menudas investigaciones! Aunque hay que reconocer que los más constantes son los trolls, o acosadores en las redes. Negacionistas que con cada feminicidio niegan que esto suceda, o, cuando hacemos propuestas para acabar con el machismo, niegan los datos.

Señores Negacionistas que además de sabios se creen graciosos y, cuando pedimos acceso igualitario a la educación, a puestos de decisión y defendemos el Derecho Humano a la Igualdad, no se les ocurre mejor argumento que eso de “las mujeres a fregar”. Si tanto les preocupan nuestras casas, les decimos donde están las fregonas y las bayetas.

Señores Negacionistas que imponen el catecismo de la “igualdad real”, el de que la nuestra es una sociedad igualitaria, mientras las mujeres reciben golpes. Mueren. Mientras siguen imponiendo la mayoría de contratos a tiempo parcial, la mayor cantidad de horas en el trabajo de cuidados y salarios inferiores a los de los hombres por idénticos trabajos y que hacen que a escala planetaria sigamos siendo las principales afectadas por el analfabetismo y la brecha digital.

Señores Negacionistas, no sigan negando por más tiempo que el machismo, que nos sigue tratando como ciudadanas de segunda, e invisibles si es posible, forma parte de un problema sistémico y sistemático, porque eso es querer tapar el sol con un dedo, mientras ese sol nos está calcinando a todas y todos. Existe un serio problema de desigualdad y no lo reconocen. Por eso son negacionistas.

Por último, Señores Negacionistas, revísense, porque la sociedad está cambiando. El camino que el feminismo lleva andando más de 300 años está dando sus frutos y cada día hay más y más gente concienciada. Por mucho que lo nieguen. Y cada día seremos más. Gente, hombres y mujeres que ya han abierto los ojos y saben que la igualdad es mucho más que eso que vosotros queréis vender.

Publicado originalmente en El País, el 1 de octubre de 2018.

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